Una lectura desde Lacan sobre tecnología, deseo y consumo

Después de pasar horas scrolleando en el celular, muchas personas experimentan una sensación extraña: cansancio mental, vacío o incluso la impresión de haber perdido el tiempo.

Algo que se presenta como entretenimiento termina dejando un resto incómodo: la sensación de haber sido consumidos por aquello que creíamos consumir.

Las “letosas” y los objetos que causan el deseo

En el Seminario 17, Lacan nos advierte sobre un fenómeno de nuestra época: la multiplicación de lo que él llama “letosas”, «esas cosas forjadas enteramente por la ciencia, simplemente esos aparatitos, que ocupan hoy el mismo espacio que nosotros».

Se trata de objetos diseñados específicamente para causar el deseo, y ya en esa época Lacan advertía que “el mundo está cada vez más poblado de letosas”. Estas letosas pueden ser celulares, redes sociales, computadoras, inteligencia artificial, Alexa, entre otros, representan “una verdad formalizada».

La promesa de una verdad que adormece

El peligro reside en que este consumo constante nos trae una verdad ya armada que, lejos de despertarnos, “nos adormece”, porque es una verdad que no exige esfuerzo subjetivo, que se nos ofrece ya masticada a través de los diferentes dispositivos. Además, agrega Lacan, esos objetos están hechos para causar nuestro deseo, “en la medida en que ahora es la ciencia quien lo gobierna”.

Y es que está esa búsqueda incesante por una supuesta verdad que colmaría nuestra falta, una verdad con la que, “si pierden el tiempo esperando, están fritos. En suma, no hay que darle demasiada lata a la letosa”.

Lacan muestra que algo de la verdad es imposible, que es un lugar de paso porque si uno permanece ahí puede enloquecer.

“La verdad es en primer lugar seducción, y para jorobarle a uno. Para no dejarse coger por ella es preciso ser fuerte”.

Todo esto para decir lo que se evidencia en nuestra época: está lleno de aparatos y contenidos que nos seducen con verdades que obturan el lugar del deseo.

“Que uno tenga todo que aprender de la verdad, es un lugar común que condena a cualquiera a perderse en ella”.

Al final del día, tomado por todos estos objetos tecnológicos a los que debe responder, cuando el sujeto se pregunta “¿Por qué me siento una basura?», está poniendo en evidencia su posición en este discurso tecnológico: la de un desecho o un aborto de un sistema que lo consume a él mientras él cree consumir objetos. No por casualidad se dice habitualmente: “cuando el consumo es gratis, vos sos el producto”.

Hay que ser fuerte para no entregarse a la seducción de la verdad tecnológica, para no quedar atrapado por el consumo infinito, ante ese bombardeo de verdades al que estamos expuestos.

El psicoanálisis frente al discurso tecnológico

El psicoanálisis propone otra vía: la de no ceder ante ese adormecimiento al que nos lleva la verdad y rescatar la singularidad del deseo que ninguna pantalla puede colmar. Mientras la ciencia intenta «gobernar» el deseo a través de los aparatos, el analista se sitúa en un lugar distinto: el de causa del deseo. No ofrece verdades masticadas, sino que invita a producir un saber nuevo a partir de lo que insiste.

Mientras la tecnología promete responder a todas nuestras preguntas, el psicoanálisis recuerda que ninguna respuesta podrá eliminar la falta que nos constituye.

* Todas las citas corresponden a Lacan, J., Seminario 17: El reverso del psicoanálisis.