La agresividad del ser humano contra la naturaleza, según Freud

Sobre los animales, la agresividad constitutiva del ser humano, la guerra y posibles soluciones, según Sigmund Freud.

La guerra y Freud

Freud decia que en todo ser hablante existe una cuota de agresión que es constitutiva, en este post intentaremos ponerlo en relación con la agresión del ser humano contra la naturaleza.

La diferencia entre los animales y los humanos, según Freud

“Prefiero la compañia de los animales a la compañía humana. Son más simples. El animal es cruel, salvaje, pero jamás tiene la maldad del hombre civilizado. Mucho más agradables son las emociones simples y directas de un perro al mover su cola o al ladrar expresando displacer» decía Freud (1). Esta maldad se deriva, según Freud, de la venganza de los seres humanos contra la sociedad por obligarlos a reprimir ciertos instintos necesarios para convivir en comunidad. Diferente a los animales, los humanos deben renunciar a una parte de libertad personal al tener que adaptarse a ciertas leyes, ciertas normas comunitarias, represiones de impulsos sexuales, etcétera, para que sea posible la convivencia en sociedad.

Freud explica los motivos por los que se puede querer a un animal con tanta intensidad: «se trata de un afecto sin ambivalencia, de la simplicidad de una vida liberada de los casi insoportables conflictos de la cultura, de la belleza de una existencia completa en sí misma. (…) Los perros aman a sus amigos y muerden a sus enemigos; muy diferente a las personas, que son incapaces de amor puro y siempre mezclan el amor y el odio» (2).

Freud se refiere al conocimiento de los perros de la siguiente manera: “Sabe, como todo perro, lo bueno y lo malo. No conoce la hipocresía ni la confusión“. Contrario a la concepción que tenía sobre la civilización de su época, la cual consideraba como una “gigantesca hipocresía”.

La guerra y la agresividad

Freud vivió la Primera Guerra Mundial en primera persona, perdiendo a su hija en ella, y fue lo que lo inspiró a deducir que en el ser hablante había una fuerza interior que tendía a la destrucción. Le explica Freud como respuesta a una invitación de Einstein a reflexionar sobre la guerra: “Usted se asombra de que sea tan fácil incitar a los hombres a la guerra y supone que existe en los seres humanos un principio activo, un instinto de odio y de destrucción dispuesto a acoger ese tipo de estímulo. Creemos en la existencia de esa predisposición en el hombre”. En malestar en la cultura, Freud ya advertía que “El ser humano no es un ser manso, amable, (…) sino que es licito atribuir a su dotación pulsional una buena cuota de agresividad”. Y en este mismo texto explica que la agresividad “es una disposición pulsional autónoma, originaria del ser humano” (3)

Y esto es algo que se evidencia fácilmente ya que según Freud es eso lo que se aprende en los colegios, la matanza constante que ha sucedido históricamente entre distintos pueblos.

Volviendo a la carta a Einstein, Freud explica que habría dos fuerzas interiores: la que quiere conservar la vida y crear, fuerza erótica y sexual, y por otro lado las que quieren destruir y matar, como pulsión destructora.  “Ambas pulsiones son igualmente indispensables pues de su acción conjugada o antagónica proceden los fenómenos de la vida”

Y en este mismo texto nos plantea posibles soluciones a la agresividad constitutiva del hablante. Explica que, si la propensión a la guerra es producto de un desborde de la pulsión de destrucción, entonces hay que apelar a su contrario, a la pulsión de vida en tanto todo lo que pueda establecer lazos sentimentales entre las diferentes personas ejercería un efecto contrario a la guerra ya que todo lo que trabaja para desarrollar la cultura trabaja también en contra de la guerra.

Y continúa más adelante diciendo que lo ideal sería una comunidad que «hubieran sometido su vida pulsional a la dictadura de la razón” aunque esto es, según Freud algo utópico de ocurrir.

El ser humano y la violencia contra la naturaleza

Por último, sabemos todas las barbaries que el ser humano ha cometido a lo largo de su historia y no sólo a otros humanos sino también a los animales e incluso al propio lugar en donde vive, la Tierra. Vemos que la humanidad ha realizado una pausa y la naturaleza lo ha agradecido, de repente se ven montañas que no se veían, los animales comenzaron a disfrutar lo que no podían y ciertos ríos respiraron un poco luego de tanta contaminación.

Para ilustrar la agresión del ser hablante, les dejamos aquí abajo un breve video, «Man 2020″ de Steve Cutts.

Fuente:

(1) – Freud en la entrevista a Sylvester Viereck (1926)

(2) – Carta de Freud a su ex paciente Marie Bonaparte.

(3) – «Malestar en la cultura», Sigmund Freud.

(4) – Carta en respuesta a Einstein, «¿Por qué la guerra?», Sigmund Freud.

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